Queimada

Posted on Abr 9, 2017

Es domingo, la lluvia otoñal trae consigo lo único que conoce, y yo sigo reposando de mil fiebres que supieron arder y consumirme los últimos días.

Decidí que limpiar y quemar son acciones similares. Decidí entonces que también debería posponer la quemazón para mañana, nuevamente. Mañana es lunes, y la alacena me mira entre triste y cómplice, sabiendo absolutamente todo lo que va a pasar.

Decidí posponer la limpieza nuevamente, paliarla con sahumerios, tés saborizados que harían pasar vergüenza a cualquier hipster y chipá relleno.

Decidí además que no me consumiría en este ciclo de culpa, pérdida, duelo y falsa recompostura. Que no habitaría mi cama porque sí, que el reposo y la fiebre son un peldaño necesario para centrarme, no digo para renacer porque no hay nada muerto en mi.

Limpiar será necesario para reconstruir y volver al eje. Cuando era chica y no quería ordenar, mi mamá tiraba todo lo que estaba en el escritorio, en un acto bastante violento, pero eficaz. Tal vez sea hora de hacerlo nuevamente.

Sí, voy a llorar un rato, probablemente rompa algunas baratijas emocionales que ya no usaba. Probablemente vuelva a mirar la foto que yo sé que está latente, guardada en ese cajón, aunque haga como que no.

Probablemente todo eso, o no. Estás viniendo.

Hoy es un domingo de otoño, y como tal, no conoce otro sabor que el de la nostalgia.

{Se impregna}

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