4 de marzo

Posted on Mar 4, 2017

El cuarto día de marzo dormí la siesta. Fueron 5 horas de descanso a los tumbos, al principio con dificultad y luego con sueños bastante vívidos, tras una semana agotadora.

De nuevo soñé que me teñía el pelo, como hace dos días, pero esta vez no era de rosa viejo, sino de blanco, como ese juego pedorro de facebook. Y me gustaba. También soñé con una laguna completamente amurallada, pero no fue eso lo que más llamó mi atención.

Recordé una sensación hermosa al despertarme: la de la risa subiendo a oleadas, en aumento, junto a otra persona. Mejillas enrojecidas y ojos que se entrecierran, dientes al viento y algún ligero tembleque dependiendo de la intensidad de la risa. Probablemente alguna cultura lejana tenga su palabra específica para denominar ese fenómeno.

Di mil vueltas antes de levantarme y activar. Tengo la mala costumbre de no querer dejar de dormir pese a la voluntad del cuerpo. Como siempre, perdí. Y terminé levantándome para ver las últimas luces de la tarde perdiéndose entre bloques de nubes que bien podrían haber sido de hormigón.

Mientras “luchaba” recordé otra sensación: la de la mirada volviéndose hacia sí misma, arremolinada de ideas. Ruido blanco y cosquilleo que baja por los pómulos. La sentí varias veces en estados semiconscientes, en ese limbo delicioso entre sueño y vigilia.

Hace 3 días escribí:

“A veces pienso que está manija insufrible que tengo es una pulsión espiritual, un llamado a que mi alma se rebele y no quede destrozada, como si de un pájaro en asfalto se tratara, por la rueda de hámster inmensa que es esta rutina.

A veces siento que trabajo todo el día, debe ser porque lo hago. Y en el límite de la extenuación siempre concibo algo más, consigo además llegar, a ese punto de intimidad conmigo, de creación, reflejo.

Creo que es toda una trama un poco retorcida de cómo me gustaría no ser. No conforme. Tener una vida completamente determinada is the new grey, tallando ventanas en el iglú de hierro macizo del que dependo para vivir, que digo, sobrevivir.

Quisiera entender a lxs artistas. ¿Cómo se vive sin tener que morder el polvo de este cansancio extremo, injusto, mal asignado y domesticante que es el tiempo?”

Claramente, me faltaba el mimo íntimo de una buena siesta en casa. ¿Verdad?

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